Mucha tensión soltada en un pitido final que dejó tres puntos en El Alcoraz. Pero tres puntos que se tornan mucho más. Todo una inyección anímica para la SD Huesca, que se lleva el derbi aragonés frente a un rival directo como el Real Zaragoza, rompiendo su mala racha y demostrando, como bien gritaba su afición, que "Sí se puede".
Parecía sonreir la tarde a la SD Huesca cuando en el minuto 4, un derribo de Dani Luna en el área era castigado como penalti. Pero Andrada adivinó el disparo de Óscar Sielva, privando a los azulgranas de la ventaja ya desde los primeros compases. También el córner que le precedía iba cargado de peligro, pero acababa despejando la defensa tras múltiples remates.
Tras el entonado arranque azulgrana, que se quedó sin premio, se igualaron las fuerzas en El Alcoraz. Con posesión dividida y poco trabajo de los porteros, fue en el 24 cuando Dani Jiménez se estrenó con una mano increíble, casi sobre la línea, que mantuvo el empate inicial.
Ganaron metros los de Oltra en los últimos minutos de la primera parte, asomándose con un disparo cruzado de Sergi Enrich, en la más clara antes de pasar por vestuarios con el marcador inicial. Y el delantero tuvo también la primera de la segunda parte, en un doble remate, primero de Luna, que tapó el portero, y al rechace, Sergi Enrich no encontró los tres palos.
Y cuando el partido había vuelto al estado de cautela original, quiso su guión que Sielva pudiera redimirse del error inicial. El derribo de Jesús Álvarez en un córner volvía a conducir a los once metros, y esta vez el 23 azulgrana, no fallaba.
Veinticinco minutos tenía la SD Huesca para defender la victoria. Apostó Oltra por un triple cambio para ello, con la salida al campo de Carrillo, Jordi Martín y Enol, dando descanso a Toni Abad, Sielva y Sergi Enrich, que habían protagonizado un gran encuentro. Y Michael y Liberto completaron los cambios minutos después.
El encuentro entró en el tramo final con la máxima tensión, al enfrentar a dos rivales con tanta necesidad. Los minutos finales quedaron para el olvido, con varias expulsiones en medio de acciones antideportivas por parte de los dos conjuntos, que empañaron la alegría final de un Alcoraz que volvió a celebrar. Un Alcoraz que sigue creyendo.