Con el dolor de la ocasión desperdiciada, y de haber visto como los puntos se escapaban en el tramo final y ante circunstancias dificilmente controlables. La SD Huesca cayó sobre el césped de Ipurúa tras un competido encuentro, en el que logró empatar el tanto de la SD Eibar al inicio de la segunda parte. Pero que se le escapó en el desenlace, con un jugador menos y muy poco a su favor.
Y eso que el fin de semana se había puesto de cara antes de llegar a Eibar. Allí se esperaba un enfrentamiento entre equipos con objetivos distintos, pero la misma necesidad de puntuar. Así lo dejaron claro los primeros compases en Ipurúa, con dos conjuntos dispuestos a dejarse la piel, pero a la vez con la cautela de no caer en un error que pudiera acabar pagando demasiado caro. Había repetido once Oltra respecto al último envite en El Alcoraz, con un único cambio obligado por la sanción de Jorge Pulido, al que sustituyó Carrillo en el centro de la defensa.
Y mantuvieron los azulgranas la dinámica de ese último encuentro, superando la primera parte sin ocasiones claras de peligro. Un centro de Dani Luna que no encontró remate y un disparo de Javi Mier que tampoco vio los tres palos fueron las más claras de los azulgranas. Fue en el tramo final, ya antes del paso por vestuarios, cuando encontró el Eibar las suyas, aunque se topó con un magistral Dani Jiménez, que puso el cuerpo para evitar que los locales se adelantaran en un córner, cruzando el límite hacia el descuento de la primera parte.
Comenzó la segunda en la misma línea, y esta vez, los locales sí encontraron el premio del gol. Obra de Javi Martón en el 50. Tocaba remar en contra, intentando hacer valer los buenos minutos del partido, más allá de cualquier fantasma por la situación clasificatoria.
Liberto y Óscar Sielva fueron los primeros cambios de Oltra, al que se sumó después Sergi Enrich. Y precisamente la salida de este último coincidió con en córner en el que llegaría el empate. Un saque de esquina que ponía Sielva al segundo palo donde Mier cabeceaba a la red.
Se crecían el centenar de aficionados desplazados, al grito de 'Sí, se puede', y con ellos, el equipo. Así, encadaban varios saques de esquina con claro peligro. En el rechace de uno de ellos, a punto estaba Piña de lograr el segundo, pero el guardameta detenía el remate a bocajarro.
Y la crueldad del fútbol se volvía a cebar con los oscenses, del posible 1-2, pasaba a verse con uno menos, con la expulsión de Julio Alonso por una mano. Las nubes negras se cernían de nuevo sobre el equipo, convirtiéndose en tormenta cuando en el 79, Sergio Álvarez adelantaba de nuevo al Eibar con un disparo desde la frontal.
Solo les quedaba a los de Oltra aferrarse al orgullo y la fe, en busca de la jugada que volviera a igualar la contienda. Pero, aunque el equipo estuvo en partido hasta el tramo final, la ocasión no llegó, y el 2-1 fue definitivo.